Levanto su cabeza calva, miró al horizonte, y entonces solo ahí supo que las profecías no eran mas que los ecos del pasado.

Una mezcla de dolor, ingeniudad y liberación lo hicieron sentir extrañamente confundido, ya que no sabía como tomar las revelaciones, ni como estas afectarían en el transcurso de la vida.

Sólo sabia con certeza, que ya este sentimiento lo había tenido antes, lo recordaba bien, como cuando una fresca mañana de otoño invadio su espiritu para surgir como arbol de hojas secas.

Hojas apergaminadas surcaban las brisas de una salvaje mañana de otoño, desprendidas de un libro sin nombre, olvidado en el tiempo.

Quien animoso, disponíase a leer tales fragmentos, sobrevenía en él, el angustioso pensamiento de la incertidumbre. Y tras sentir el caos de la existencia, el orden vacio de toda creación, se llevo a preguntar cuando fue que la luz pudo conmover a las bestias.

Por que más que geniuna, todo fue una invención, pero sin embargo, nada reside en la originalidad mas allá del simple reconocimiento de la ciclicidad del tiempo.

Sin embargo la pregunta es, ¿Debemos confiar en los ecos del pasado? , por que tal vez los artilugios de ordenes antiguas pretendian sentir mas evidente el hecho de la eternidad del circulo, pero la superposicion caotica de planos y direcciones nos hace sentir desorientados.

El profeta vaga a traves del desierto, viendo a su paso, los cadáveres de aquellos que murieron en oscuridad y que creyeron ver la luz, sin embargo, la angustia de la razón lo corrompe, y lo pervierte, el profeta se ciega a cualquier tipo de luz.

He aqui el gran enimga de un profeta, pues el profeta no puede aceptar nada mas que lo que ve como verdadero, sin embargo sus conocimientos residen de ecos en la oscuridad , que son luz, pero luz indefinible, inconmensurable e imponderable, ahora la pregunta es...¿como debo ver sin cerrar mis ojos?

El profeta gritó en el desierto, y sobre su voz se alzó la verdad, pero siempre que, la luz sea luz.

Cuando se corrompe la esencia de la luz, entonces se corrompe la verdad, si se corrompe la verdad, entonces estamos desprotegidos, no hay que olvidar, que en nuestra seguridad reside nuestro escudo mas fuerte, el que forja lo mas importante en nosotros, nuestras desiciones.

Nadie es profeta en su tierra, da miedo pensarlo, la necesidad de convivir, es una de las cosas que aterra, debemos saber como convivir. Si el profeta se corrompe, entonces nuestra esencia se marchita.

Nicanor, tiene usted razon, 2+2=4, acto de fe.